Los 5 hábitos que frenan tu escritura desde el principio

En torno a escribir existen muchos mitos, más que en otras artes. Y lo peor es que muchas veces son alimentados por los propios escritores/as.  Solemos pensar que los mayores obstáculos son la falta de talento, la ausencia de ideas o el temido bloqueo creativo. Sin embargo, la mayoría de las veces los problemas vienen de hábitos cotidianos que parecen inofensivos, incluso normales, pero que acaban dificultando nuestro progreso.

¿El primero? La inspiración existe, claro. Pero también hay que saber atraerla. Hay que desmitificar esa idea de que para escribir necesitas un rayo divino que te obligue a ir corriendo hacia el teclado. ¿Pasa alguna vez? Pues sí, claro que pasa, pero te aseguramos que no vas a terminar una obra así. 

Cuando escribes con método, con frecuencia, las ideas aparecen más a menudo. Incluso llega un momento en el que dejas de depender de esa chispa misteriosa. La escritura, como todo arte,  se alimenta del hábito, de sentarse mucho en tu silla, con inspiración o no, y de tener claro el proceso de escritura.Por eso, muchas personas que empiezan a escribir descubren en un taller de iniciación a la escritura una forma de adquirir esa rutina productiva y unas herramientas personales que les ayudan a avanzar con más seguridad. Es un detalle que marca la diferencia entre querer escribir y ser, realmente, escritor/a. Oficio, sencillamente. 

Sin más, te dejamos los cinco hábitos principales que pueden estar frenando tu escritura sin que te des cuenta.

 

1. Esperar a que llegue la inspiración

Es lo primero que te comentamos. Muchos escritores/as principiantes creen que solo merece la pena sentarse a escribir cuando aparece esa sensación mágica llamada inspiración. El problema es que la inspiración es caprichosa. A veces aparece mientras paseas, otras mientras lees una novela y, muchas veces, mientras ya estás escribiendo. Y vamos a ser claros; ni siquiera la necesitas para escribir. 

 

Esperar la inspiración es la forma más eficaz de no avanzar. De ponerte excusas para no escribir.  Funciona igual que ese gimnasio que pagas pero nunca vas. 

 

La realidad es que las ideas suelen llegar trabajando. Una escena lleva a otra, una frase abre un camino inesperado y, cuando te das cuenta, aquello que parecía imposible unas horas antes empieza a tomar forma.

2. No leer lo suficiente

Es difícil mejorar como escritor/a sin ser también un buen lector/a.

La lectura nos proporciona vocabulario, ritmo, estructuras narrativas y nuevas formas de abordar una historia. Leer a distintos autores y autoras nos permite descubrir qué recursos funcionan, cómo construyen sus personajes o de qué manera consiguen mantener la tensión.

Y no se trata solo de leer grandes clásicos. Una novela contemporánea, un libro de relatos o incluso un género que normalmente no frecuentas pueden enseñarte mucho sobre narrativa.

 

Ningún músico aprende sin escuchar música. Y ningún escritor/a desarrolla su oficio aislándose de los libros.

 

3. Intentar que todo salga perfecto desde el primer borrador

Este es uno de los errores más comunes y uno de los más paralizantes. 

Queremos que cada frase sea brillante, que cada diálogo funcione y que cada escena tenga la fuerza de una versión definitiva. El resultado suele ser frustración y páginas que nunca avanzan.

Pero el primer borrador no tiene que ser bueno. Tiene que existir. Escribe, hazlo mal, pero hazlo. Recuerda que nada está grabado en piedra y que tu obra tomará su verdadera forma en las reescrituras.Sí, en plural. Todas y cada una de tus obras favoritas han pasado por varias reescrituras. Porque, por mucho que nos guste imaginar al escritor/a inspirado, la realidad es que todos  los libros se construyen corrigiendo, eliminando y volviendo a escribir. 

 

La función del primer borrador es simplemente existir, convertirse en la materia prima sobre la que trabajarás más adelante.

 

Uno de los mayores descubrimientos cuando empiezas a escribir una obra larga es entender que la escritura es, sobre todo, reescritura. Aprender a trabajar con borradores, escenas que cambian y capítulos que evolucionan forma parte del proceso creativo, algo especialmente importante cuando te enfrentas a proyectos más ambiciosos como una novela. 

Primero escribe. Después ya tendrás tiempo de mejorar.

 

4. No tener claro qué quieres contar

Escribir sin ningún tipo de dirección se parece bastante a conducir sin saber adónde quieres llegar. Puedes conducir por placer, claro que sí, pero tarde o temprano tendrás que decidir. 

No hace falta planificar cada escena ni conocer todos los detalles de la historia desde el principio. Muchos escritores/as descubren gran parte del camino mientras escriben. Pero sí conviene tener una intención mínima.

 

¿Qué conflicto quieres explorar? ¿Qué emociones quieres provocar? ¿Por qué te interesa precisamente esta historia y no otra?Tener claras esas preguntas te ayudará a tomar decisiones cuando aparezcan las dudas y evitará que acabes acumulando páginas sin rumbo.

 

Esto se aprecia especialmente en los formatos breves. Tanto en el cuento como en el relato, donde el espacio es limitado por naturaleza, saber qué historia quieres contar y qué efecto quieres provocar resulta fundamental para que cada escena y cada palabra transmitan lo que buscas. 

 

5. Escribir para impresionar

Uno muy común cuando se empieza a escribir. Cuando intentamos sonar profundos o excesivamente literarios, es fácil acabar construyendo frases bonitas pero vacías. O recargar innecesariamente pensando que cada párrafo debe contener un lirismo épico.La mayoría de las veces, la manera correcta de escribir  “cerró la puerta” es precisamente esa, y no “tomó el pomo con la mano izquierda y empujó la puerta hasta que quedó cerrada”.  

La escritura no consiste en impresionar con nuestro vocabulario, sino en comunicar algo al lector/a. Y si intentamos impresionar, lo que conseguiremos es que desconecte.

 

A veces una frase sencilla y precisa tiene mucha más fuerza que un párrafo lleno de adornos. Y esto no quiere decir que haya que escribir de forma sencilla, sino que cada palabra tenga un sentido,un propósito.

 

Con el tiempo, cada escritor/a desarrolla una manera particular de contar historias. Pero esa voz no aparece tratando de imitar a otros ni escribiendo para impresionar. Aparece escribiendo mucho, leyendo todavía más y permitiéndonos ser honestos con lo que queremos contar.